Tablada y Colombia

Para mí el Haiku es una forma de poesia sumamente poderoso.  Con unas pocas palabras el poeta puede evocar un imagen, una emoción o una memoria.   En contraste con poemas densos, llenos de juegos de palabras, rimas, ritmos, que en muchos casos requieran que el lector sea familiar con  ciertos dispositivos literarios, sobre todo el Haiku es más directo.  Mientras algunas formas de poesía tienen que ser más cerebral antes de que el lector siente las emociones adentro, el Haiku puede ser un golpe directo al corazón o al estómago.  El segundo me ocurrió al leer “Hotel La Esparanza” de Tablada:

En un mar de esmeralda
Buque inmóvil
Con tu nombre por ancla.

En los pocos 17 sílabos, Tablada explicó precisamente las emociones y sentimientos que experimentaba hace unos años cuando fui a Colombia para renovar mi vida después de la pérdida trágica de un amor, pero frente a toda la belleza y maravilla del país, estaba atada a mi pasado, e incapaz a seguir adelante y disfrutar de la vida.  Con esta evocación Tablada me golpeó en el estómago.  ¡Casi vomité! Pero no fue una experiencia mala, sino rica.  Nunca he sentido el fenómeno de que mis sentimientos, digamos empaquetados y  entregados así.  Me hace pensar en la canción de Roberta Flack, Killing Me Softly (http://www.youtube.com/watch?v=O1eOsMc2Fgg – y de The Fugees http://www.youtube.com/watch?v=oKOtzIo-uYw) en donde la cantante cuenta como la letra de otra canción describe perfectamente sus sentimientos.

Ok, no puedo dar todo el crédito a los 17 sílabos.  El título trabaja con las estrofas para evocar mis memorias también.  Me hace pensar en la primera noche en Colombia.  Llegué en Bogotá a las once de la noche, y como no había vuelo hacia el eje cafetera que fue mi destinación final, tuve que pasar la noche sola en Bogotá.  Mis empleadores en Pereira habían mandado un mensajero al aeropuerto para contarme que tuve que esperar hasta la mañana, y él iba a llevarme el hotel.  Muy reservada (por todas las historias de secuestrados que se cuenta de Colombia) pero sin opciones, fui con él.  El “hotel” adonde me trajo no era un verdadero hotel, sino un cuarto para arrendar encima de un restaurante chino.  El mensajero me despidió, y ya, allí estaba encima de un restaurante chino, en Bogotá,  cagando de miedo, pero con cierta esperanza para la nueva aventura.

Regresando al trabajo de Tablada, otros poemas que me gustan son los de la colección Frutas.  Esos no por emociones tan profundas como el otro, sino porque me hace recordar el olor y sabor de las frutas que experimenté en Colombia – de hecho una de las partes más ricas de mi tiempo allá, y que todavía me hacen falta. (Cada nombre es un enlace al poema que corresponde):

Frutas.  –  Guanábana.  –
Plátano.  –  Granadita.  –
Sandía.  –  Naranja.

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